En el último taller que he realizado sobre diseño de interfaces salió un tema muy interesante del que me apetecería hablar: la creatividad. Todos queremos tener ideas revolucionarias, pero ¿de dónde vienen las ideas? y lo que es más importante ¿cómo hacer que las ideas no paren de fluir?
Llevo unos días en que me han ocurrido tantas coincidencias que ya empieza a ser extraño. Tenía unas notas en la libreta sobre cómo abordar el proceso creativo y después de hablar con un amigo pensé que sería un buen tema para el artículo de este mes. Mientras estaba repasándolas mi chica entró en el salón con un libro en la mano, “El club de la buena estrella” (1989) un best-seller de una autora que no conocía, Amy Tan. Investigué un poco sobre ella, resultó ser una persona con una historia muy interesante. Su familia es de origen chino aunque ella nació en California y en sus novelas incorpora toda esa tradición china. Creí que era la primera vez que oía hablar de ella.
Buscando información para este artículo, recordé que hace tiempo había visto algo de Isabel Allende en ese templo de la inspiración que es TED. Mientras escuchaba su ponencia “Cuentos de pasión” — muy recomendable por cierto — me di cuenta que no era Isabel Allende a quién había escuchado. La sorpresa fue descubrir que en realidad había visto a la propia Amy Tan hablando sobre su proceso creativo. Sobra decir que recomiendo cada uno de los veinticuatro minutos que dura su exposición.
Lo extraño no la coincidencia. Lo realmente extraño es que Tan habla sobre cómo ella piensa que, en ocasiones, el Universo le ofrece pistas en su proceso creativo. Quién sabe, igual el Universo quiere que escriba este artículo.
En la Grecia Antigua tenían a las musas. Las musas eran espíritus o dioses que inspiraban a los artistas. Si el pueblo estaba esperando a que el artista publicase una nueva obra y no podía escribirla, el artista solo tenía que decir que su musa no le había hablado todavía. Así, el artista no estaba sometido a la crítica del pueblo. La contrapartida es que si el artista escribía al final una gran obra, no era suya, se la había dictado la musa. La Grecia Antigua entendía a los artistas como un medio de comunicación entre las musas y el pueblo: eran algo así como una línea directa con lo sobrenatural, quizás comparable a la escritura automática.
Ahora bien, si analizamos como el curso de la historia ha tratado al concepto de las musas yo creo que nos ha hecho un flaco favor. Cuando se habla del trabajo de un artista hoy, quizás no el mejor de su carrera, se suele decir: “no estaría inspirado ese día”. Ese inspirado tiene mucho que ver con el concepto de las musas, el lenguaje sigue cargado con ese significado.
Todo ésto no tendría mucha importancia, si no fuese porque hoy en día hay muchas profesiones en las que hay que estar inspirado continuamente. Un diseñador, un creativo, un arquitecto no puede permitirse el lujo de no estar inspirado.
En su ponencia, Amy Tan comenta algunas de las explicaciones que se suelen argumentar para entender porqué una persona tiene muchas ideas y otra no. Entre ellas: haber nacido con el don, estar genéticamente predispuesto, tomar ideas de vidas pasadas, tener brotes psicóticos que traen la iluminación, traumas de la niñez y voy a añadir mi favorito: tener ideas felices. Descubrí la expresión tener una idea feliz cuando estudiaba en la universidad, se utilizaba para describir un problema de examen demasiado complicado o cuando un proyecto de alguien era mejor que el tuyo.
A donde quiero llegar, y lo que me molesta de verdad es: si la generación de ideas es un proceso místico, o automático para cuatro elegidos, o cierta predisposición genética, yo nunca podré tener ideas. Es más, si no puedo analizar el proceso nunca podré aprender. Lo que nos lleva a un callejón sin salida triste y sobre todo, oscuro. Mucha gente se resigna, porque esta es la historia que le han contado siempre, pero tú ya no caerás nunca más en esta trampa.
Cuando trabajo confío en la flexibilidad de mi cerebro. Es una máquina increíble que crea conexiones entre cosas que no tienen nada en común y además trabaja mientras duermes. Si me entra un ataque de ansiedad suelo pensar: “seguro que al final se me ocurre algo” y suele pasar, porque además pongo el trabajo que sea necesario.
Hay un montón de técnicas para generar ideas, pero el gran secreto es trabajo duro.
A cada proyecto hay que dedicarle el tiempo que se merece y mientras no trabajas en algo concreto formarse cada día. Se puede aprender de las cosas más específicas y extrañas que uno se imagine que al final siempre serán útiles. Cada vez que aprendo algo nuevo siento que tengo una herramienta más en la caja.
Tomar notas es muy útil. En todos los talleres que hago repito hasta la saciedad que lo más importante es empezar en el papel. El papel lo aguanta todo, cualquier idea es factible y no hay que olvidarse de ninguna, todo puede ser útil. Trabajar sobre papel al principio de un proyecto ayuda a organizar las ideas y sirve como referencia. No hace falta dibujar bien, se trata de comunicar. En la escritura tenemos por ejemplo “El Quijote”, que nadie negará es una obra de arte, pero también tenemos los prospectos de la farmacia, que son comunicación pura y dura, ¿por qué no podemos tener lo mismo en el dibujo?
Siempre suelo llevar encima algo con que anotar, no hace falta comprarse una Moleskine, tener el último gadget o gastar dinero, al contrario, suelo estar más cómodo con algo que no de miedo estropear. El dibujo es como un músculo que hace falta ejercitar todos los días, pero a cambio puedes contarle tu idea a cualquiera con cuatro líneas.
A los estudiantes no les suele gustar la teoría, en comunicación audiovisual entendí su poder y también porqué existe la titulación. Un principio teórico te puede colocar en un estado mental sobre el que proyectar tu mirada hacia una solución. Ciertos principios son tan flexibles que pueden ser aplicados en ámbitos para los que no fueron concebidos y dar lugar a ideas increíbles. Los formalistas rusos son famosos por dejar escrito los principios teóricos de sus creaciones y estos textos son, sin duda, más valiosos que su arte.
Un principio puede ser: “cambia los modos de representación”, la ciencia ficción ha empleado mejor que nadie esta técnica. En “Solaris” (1961) de Stanis?aw Lem el ser humano llega a un planeta que es un organismo vivo, enfrentar su punto de vista con el de los visitantes da lugar a un montón de ideas sobre qué es la vida. También puede ser cambiar las magnitudes en una gráfica y enfrentar riqueza versus número de habitantes versus partido político. Cada nueva combinación es una nueva idea sobre la que trabajar y ambos ejemplos son aplicaciones de la teoría.
Otro ejemplo: “poner lo familiar en lugares no familiares”. Es el germen de la fantasía. En una historia puede ser una persona caminando por la calle que se encuentra con su doble — suponiendo que no tiene un gemelo — y además va con su novia que es igual a la suya, deformamos la realidad. En diseño industrial podría ser utilizar porcelana, un material típicamente de interior, para hacer gnomos de jardín.
Detrás de una gran idea siempre hay un gran principio teórico, lo más difícil es aplicar la ingeniería inversa, escalar hasta la idea del artista y sacar algo útil para tener más ideas. Siempre que veo algo interesante pienso, mmm… cuál habrá sido el proceso creativo detrás de la obra, porque siempre hay uno.
Además de buscar fuentes de ideas en la teoría hay técnicas para generarlas y filtrarlas después. Una muy típica son las sesiones de brainstorming (tormenta de ideas) en las que un grupo de personas intentan sacar todas las ideas posibles para un proyecto. La clave es no juzgar las ideas de los otros en las primeras rondas y sugerir variaciones conforme se avanza. Al final tomamos las propuestas mas viables y descartamos las demás. Las tormentas de ideas están bien, pero a veces no tenemos la oportunidad de trabajar con otras personas — como en el caso de los freelances — y entonces todo es más duro.
Asociar conceptos es una buena forma de romper el papel en blanco. Pensamos en el proyecto y escribimos en un papel todas las palabras que se nos pasen por la cabeza, luego juntamos tres o cuatro y proponemos la solución. Por ejemplo, tengo que diseñar un icono para un programa que graba de la televisión. Empezaría escribiendo: televisión, tiempo, rápido, grabar, temporizador, antena, recuperar, compartir, etc. Si ahora asocio televisión con temporizador puedo dibujar un televisor que se parece a un reloj de cocina, partido por la mitad y con unas marcas que indican el tiempo en segundos. Tomando otras palabras seguro que sale algo mejor.
En el documental “El Bulli” (2009) sobre la historia del restaurante — que no es sobre comida sino sobre la búsqueda de una nueva cocina y por tanto, sobre creatividad — se puede ver como empleaban la asociación de palabras con todos los ingredientes del mundo. Es una técnica muy flexible.
Los espectros son líneas que tienen conceptos opuestos escritos en sus extremos, al colocar nuestra idea sobre la línea y yendo de un lado al otro sacamos muchas más ideas. En el ejemplo del icono podemos escribir a un lado profesional y en el otro novato. Si nuestro icono es para profesionales igual es mejor intentar que el reloj sea digital y si es para novatos igual tiene que ser algo más obvio y añadir un círculo rojo en alguna parte. No se, es un ejemplo. Podemos además, hacer espectros en varias dimensiones y tablas.
Hay muchos métodos para crear cosas nuevas y tampoco hay que volverse loco buscando una fórmula mágica. Lo más importante es empezar a trabajar en algo que te apasione y las ideas irán apareciendo, evolucionarán y si tenemos suerte vivirán las las creaciones de otros, que es lo más bonito que te puede pasar. Hay que procurar dejar de mirar a lo que hacen otros, es tentador, pero si sigues a los demás siempre serás eso, un seguidor. Hay algo que nadie puede imitar, nuestro punto de vista como ser humano que es único y personal, una perspectiva inimitable sobre la realidad y una fuente inagotable de ideas.
TED: Ideas Worth Spreading
Un lugar donde buscar inspiración, está repleto de conferencias interesantes. Si tienes un mal día este es un buen lugar para recuperar tu energía.
Isabel Allende tells tales of passion
La escritoria chilena habla sobre la pasión y el coraje de algunas personas, y sobre el reconocimiento de su labor.
Amy Tan on Creativity
Tan toca un montón de puntos de vista sobre la creatividad a través de su experiencia personal, repasando su niñez y algunos de sus libros. Absolutamente recomendable.
How to be a UX Team of One
Leah Buley trabaja para Adaptive Path y es experiencia de usuario. En este slidecast (diapositivas y audio) habla sobre algunas de las técnicas mencionadas. Por si se quiere profundizar más.
Un día en “El Bulli”
Televisión Española ha realizado el documental sobre Ferran Adrià y “El Bulli”. Este es un pequeño avance de la obra completa dirigida por Albert Adrià, un tributo a la historia del restaurante y un estudio sobre creatividad en sí mismo.
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Marcelino Llano (Oviedo, 1984) es diseñador industrial, licenciado en comunicación audiovisual y un entusiasta de la web. Los últimos seis años ha trabajado como diseñador y UX.